| El fluir natural |
Nos encanta abrir nuevas puertas, nuevos caminos, pero por otro lado, nos resulta inconcebible la tarea de cerrarlas. Y en otros casos, alimentados por la desesperación, y deseando saciar nuestra sed emocional, nos empeñamos en hacerlo. Metafóricamente, ¿Cuántas ventanas abrimos y cuántas son las que cerramos a lo largo de nuestro impreciso trayecto existencial?
Los pragmáticos tendrían una concisa respuesta. Esta se basaría en la utilidad de ambas ejecuciones a la hora de determinar si realmente se ha abierto una nueva etapa o simplemente, es la consecución de una anterior.
''Cuando una puerta se cierra, otra se abre.''
No voy a negar el sentimiento optimista y reconfortante de esta frase. Pero sí bien nos pasamos más de la mitad de nuestras vidas horadando etapas ¿Estaríamos en un caso de rompimiento de la esencia de las mismas, y lo más preocupante todavía, de alguna descomposición de nosotros? ¿Qué queda entonces del momento de fusión entre el ''post'' y el ''pre''?
En mi más humilde opinión, los inicios y los finales establecidos libremente por cada individuo no son más que el mero anhelo de obtener una fuerza considerable a la hora de hacer frente a una determinada situación. Es nuestro arma de defensa contra la aflicción emocional. ¿Se trataría pues, de un conflicto de negación-disconformidad acerca de algún determinado bache en nuestro pasaje?
El ser humano tiene un fondo frágil. Y una férrea necesidad de revestirlo. Pero la tienda de ropaje es común para todos, experiencia. Todos nos construimos y vamos picando sobre la misma, salvo que el juego del azar nos otorga diferentes herramientas a la hora de hacerlo. Pero toda construcción, además de contar con unos buenos materiales, necesita una cierta planificación y una buena técnica. No es mejor el que cuenta con buenos ingredientes, sino el que sabe de forma minuciosa como utilizarlos. Y es que la cuestión no está únicamente en nuestras experiencias. Está más allá, en que somos capaces de obtener nosotros de cada una de ellas. Y esto tiene una gran relación con lo tratado anteriormente sobre vínculos que se abren y otros que se cierran. La experiencia es el hilo de las personas. Un hilo de unión con las estaciones existenciales ''pasado, presente y futuro.''
Si lo pensamos bien, y estudiamos profundamente algún momento de nuestro pasado, veremos que el azar puso en nuestro camino un trozo de tela y que nosotros decidimos la utilidad que le daríamos a esta. El azar otorga, y tú escoges.
Después de esta breve reflexión sólo queda decir que desde mi punto de vista, no hay finales, sólo una consecución de vivencias que nos acompañaran a lo largo de nuestras vidas. Y que no merecen romperse, tan sólo alimentarse de nuevas. No hay que huir del pasado, al contrario, hay que estimarlo y preservarlo.
Es como el niño al que en el momento de corregir un ejercicio, se le enseña a que de forma autónoma sea capaz de visualizar el error y mediante la práctica erradicarlo. Con los demás pasa lo mismo, ¿Nuestro mayor error? La negación ¿La causa de este? El miedo ¿El remedio? La vida y el profundo análisis de lo que nos pasa.
Como decía Manolo García ''Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje''
Es más que necesario, que uno de vez en cuando, se de su tiempo.
Nerea
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